Fudô Myô-ô. Símbolo de la vacuidad

Por Michel Coquet

Actualmente los practicantes de artes marciales están bien familiarizados con el budismo, el cual ha influenciado en gran medida la filosofía del Bûdo. Ver a Buda sentado en meditación ya no es algo que sorprenda a nadie, y oír hablar de Zen es algo habitual. No obstante y aunque esta imagen ya es más conocida, existe en el esoterismo nipón, una forma igualmente popular entre los budistas de la secta Tendaï y Shingon, así como entre los ascetas de la montaña o Yamabushis, llamada Fudô Myô-ô.

 

Podemos decir que el budismo japonés tiene dos vías que conducen al mismo estado de perfección. La primera vía es yin, femenina y contemplativa, en ella se hace hincapié sobretodo en el aspecto conciencia del ser y es más adecuada, por ejemplo, a los monjes zen. La segunda es yang, masculina y activa. Se dirige sobretodo al aspecto energía del ser y ha sido desde siempre la vía escogida por los monjes del budismo tántrico, así como por los guerreros obligados a actuar y vencer a los enemigos, tanto exteriores como interiores.

Cuando fui a vivir al Japón, no tenía ni idea que existiera esta deidad. Pero después de muchos años me fue imposible evitarla, al menos, dentro de los ámbitos en los que yo me movía, dojos y templos. Finalmente empecé a interesarme en Fudô Myô-ô profundamente, sobretodo gracias a mi instructor de Kyudô, el maestro Masahiko Tokuda, experto en esta forma de budismo esotérico. Para él, Fudô Myô-ô es en primer lugar el aspecto dinámico y vital del cuerpo de Buda. Cuando Buda sale de su contemplación para servir en este mundo, lo hace expresando las cualidades de Fudô Myô-ô. En segundo lugar, es el poder del fuego y de la voluntad, quienes deben permitir la destrucción del ego.

Tomé verdadera conciencia de su valor durante la practica marcial, en el curso de un kata superior ejecutado el primer día del año por el maestro Masakichi Matsui, 10º Dan de Kyudô. El kata estaba compuesto por una serie de complejos movimientos, de un disparo al vacío hacia los cuatro puntos cardinales y de la ejecución del kuji kiri no in, nueve gestos mágicos (mudra.) En otro artículo hablaremos con más detalle de esta técnica, pero lo que más me sorprendió fue que el rito se desarrolló en el ámbito de una ceremonia puramente shinto, aunque fuese una técnica utilizada también por los chamanes y los budistas. Lo he visto practicar en numerosas escuelas marciales y es también una técnica especifica de nuestra escuela Tenshin Shôden Katori Shintô Ryû. Tras esta demostración, le pregunté a mi sensei sobre el significado del kata, información que anoté con gran esmero.

En primer lugar, aprendí que se trataba de un rito de exorcismo que tenía por objetivo principal, purificar un determinado lugar de toda fuerza impura o peligrosa. Más tarde, estudiando mis notas, me di cuenta que si cuatro de los gestos invocaban las deidades de los cuatro puntos cardinales, los cinco otros invocaban a los cinco poderosos dioses llamados Myô-ô (en sánscrito: Vidyaraja). La palabra “Vidya” significa conocimiento, y estos dioses aportan el conocimiento (vidya) de los tantra y otras practicas secretas y ocultas. Estas prácticas están basadas en la capacidad que posee un hombre entrenado en producir fenómenos milagrosos por medio de la voluntad y del conocimiento del sonido, como hacia el fundador del Aïki-dô al utilizar el kototama shintô. Si los antiguos maestros del Bujutsu añadieron tales elementos, es seguro que aportaban una auténtica eficacia y podían ser integrados a las técnicas, tanto en la protección de sí mismo como en la realización del Ser.

Las mismas leyes universales utilizadas en la práctica marcial (equilibrio, gravedad, cohesión, atracción, etc.) las encontramos en el budismo. Los expertos en combate se inspiraron en las enseñanzas del budismo esotérico para llegar a mejorar sus habilidades. Por poner un ejemplo, los budistas utilizan para fundirse en la esencia de Buda las tres funciones que son el pensamiento, la palabra y la acción. El budoka hace lo mismo para alcanzar la unidad con su compañero, para ello utilizará la voluntad concretizada (la intención), el kiai y la acción del cuerpo. En ambos casos, los sabios comprendieron que el hombre estaba provisto tanto de facultades mentales como psíquicas y que estas facultades debían ser desarrolladas al mismo tiempo que las musculares.

Fudô Myô-ô

Existen cinco Myô-ô, pero Fudô es sin duda alguna el más popular y también el más importante, porque está situado en el centro del mandala o esquema de la meditación. Como uno de sus atributos es el sable, fue adoptado como deidad tutelar por los Samuráis. El sable fue entonces identificado a Fudô Myô-ô. Por ello tampoco era raro ver la marca de Fudô grabada en la hoja del sable como talismán protector. En las prácticas mentales de concentración, visualización y meditación, Fudô Myô-ô se sitúa en el centro de un círculo rodeado en el norte por Kongo-Yasha Myô, en el sur por Gundari Myô-ô, en el este por Kozanze Myô-ô y en el oeste por Daïtoku Myô-ô. Cada una de estas formas representa un conocimiento que se relacionan con una determinada facultad psíquica o espiritual en potencia a desarrollar. La posición central de Fudô ya nos da una idea de su cualidad, la centralización.

Como ya hemos dicho, Fudô Myô-ô es la deidad de los hombres de acción, ya sean monjes Shingon, ascetas guerreros o Samuráis. Y es por esta razón que forma parte de las divinidades enfurecidas, siendo ante todo el destructor de los vicios y pasiones. Personifica la firmeza de espíritu y la voluntad de destruir el mal.

Si nos fijamos bien, encontramos en la representación simbólica de esta deidad todos los medios para llegar al dominio mental en una progresión ascendente pasando, etapa por etapa, desde el apaciguamiento, control, iluminación y fusión con el universo, hasta el estado de vacuidad perfecta y definitiva. Es un programa ambicioso, pero nos permite a los menos elevados de entre nosotros utilizar esta forma con fines más prácticos.

En el Budô tradicional y en un estado relativamente avanzado, el enemigo principal es la mente, y qué es la mente sino el conjunto de los pensamientos dinamizados por los remordimientos del pasado, los deseos del presente y las ambiciones del futuro. Es esta facultad mental la que nos permite experimentar, comprender y esclarecer nuestra inteligencia. Y es también, la que nos conduce a la ilusión de pensar de manera restrictiva y egocéntrica, por lo cual la pura conciencia se ve alterada como lo es la superficie de un lago al soplar el viento. Todos los maestros del Budô enseñan que es necesario no identificarse con lo particular para entrar en lo universal. Debemos dejar de mantenernos en la superficie del océano y de pensar que somos una de las miles de olas que aparecen y desaparecen, para penetrar en las profundidades del océano y descubrir otros valores (belleza, silencio, pureza, etc.) Una ola que ha comprendido esto se funde en el océano llegando a ser una con él, conociendo la naturaleza de todas las otra olas. Lo mismo le ocurre a un Budoka que no puede percibir la profundidad de su espíritu y la de sus enemigos, a no ser que detenga por su voluntad las olas (pensamientos) de su sustancia mental. Este representa el combate más duro al cual todo hombre debe enfrentarse tarde o temprano. Es una batalla que pide sutilidad, esfuerzo, coraje, paciencia y buen humor.

Veamos pues en que nos puede ser útil Fudô Myô-ô. Para empezar a Fudô se le representa siempre sentado o de pie sobre la mítica montaña de Meru, que geográficamente representa el eje de los polos, el centro alrededor del cual gira el universo. Este eje norte-sur simboliza nuestra espina dorsal, el sendero por donde pasa la vida. Como Fudô, el hombre debe estar solidamente enraizado tanto en la tierra como en el cielo. Su conciencia deber estar fija, lo cual significa su inmovilidad frente a la agitación del mundo (o a los enemigos) Este es el primer símbolo que necesitamos conocer y que representa un estado de la mente llamado FUDÔ SHIN, la mente inmóvil. Este control particular de nuestra mente se alcanza por la necesidad de concentrarse bien durante el geiko marcial, pero sobretodo durante la meditación. La mente se calma rápidamente por la practica del nembutsu, la recitación de los nombres de Buda o de cualquier otro mantra relacionado con Fudô. Durante este tipo de trabajo, la mente se ve absorbida por la visualización de la imagen, por la recitación del nombre y por el paso de las cuentas del rosario. Poco a poco la mente se calma, el corazón disminuye su latir y la respiración se vuelve imperceptible, el ki ya no alimenta los sentidos y la mente se cierra a las sensaciones exteriores. Finalmente todo se extingue y ya no queda nada más que la conciencia no alterada, la pura vacuidad.

Alguien que ha alcanzado el estado de Fudô Shin está en completa calma. Ya no tiene una mente excitada, que continuamente está hablando e imaginando sino que, todo lo contrario, se convierte en un observador sereno y desprendido, nada a su alrededor puede ya desestabilizarle. Para simbolizar algunos de sus atributos, Fudô puede aparecerse a través de muchos colores. En ocasiones como rojo (Aka Fudô), o amarillo (Ki Fudô), pero el más típico es el azul oscuro (Aoi Fudô), que representa la actividad mental, el sentido del yo egótico. A través de este color de trascendencia (el objetivo a alcanzar), la mente (shin) va a ser objeto de una intensa concentración (shô-jô), con el fin de poder dejar filtrar la luz del alma y de la intuición (bodaï-shin) Este estado no puede alcanzarse sin antes haber purificado las pasiones, los deseos y las ataduras, representadas por el color rojo de su vestimenta. Se dice que bodaï-shin está presente en un hombre cuando éste tiene una poderosa aspiración a la iluminación interior.

Al segundo estado mental se le llama MU-SHIN, literalmente: sin mente. Es un estado no permanente, pero durante el cual el pensamiento es mantenido estable como puede serlo el agua reducida al estado de hielo. Son momentos que todos los budokas conocen, pero que pasan con tal rapidez que no pueden ser objeto de un análisis objetivo. Sin embargo es en esos momentos que el judoka, o el karateka pasa sus pruebas sin saber cómo sucede todo. En las artes marciales más estáticas, tales como la arquería (Kyudô), la mente se disuelve y se funde en cada particularidad del ritual, obteniendo el mismo resultado. La ola del ego se une al océano de la vacuidad. La única manera de llegar a una cierta permanencia de la no-mente es sentarse y meditar como lo ha hecho siempre un verdadero practicante de Budô.

Alrededor de la figura de Fudô Myô-ô pueden observarse llamas, que son poderosas energías puestas a disposición de la verdad, la cual no puede ser revelada mientras las impurezas unidas al corazón humano no sean consumidas en el gran fuego purificador. Generalmente el cuerpo de Fudô Myô-ô es el de un adolescente, que nos recuerda la pureza original de su naturaleza.

Aquello que más sorprende a los extranjeros que contemplan su figura por primera vez, es su terrorífico rostro. Tiene largos y erizados cabellos, su expresión es amenazante, su entrecejo está fuertemente fruncido, bizquea con su ojo izquierdo medio cerrado, mientras que el derecho está completamente abierto y es de color rojo. Su sonrisa es un desagradable rictus que deja entrever dos hendiduras.

Veamos el simbolismo de estas actitudes. El rostro en cólera tiene por objetivo poner en fuga a los enemigos de la verdad del Buda. El ojo derecho representa el Espíritu puro de la vacuidad, el poder de la voluntad que impone al ojo izquierdo (la mente), su ley y su dominación. Sus dos protuberantes colmillos están para romper los obstáculos del mundo físico y psicológico (dientes hacia arriba), o del mundo tosco (dientes hacia abajo) Su boca cerrada sugiere el silencio de la doctrina oculta, y es también la imagen de la disolución del aliento (inspiración- expiración), símbolo del desequilibrio.

La espada (Ken)

El principal atributo de Fudô Myô-ô es la espada que lleva en su mano derecha, el aspecto yang de la técnica que permite penetrar la verdad del Ser. Su nombre simboliza precisamente este descubrimiento porque Myô-ô significa: “el resplandor del conocimiento que destruye la oscuridad de la ignorancia“. Es por ello que su nombre secreto es “el Diamante eterno e inmutable”, la expresión de un estado de la conciencia superior llamada MU-GA, la conciencia sin ego, sin mente.

La espada o Ken, representa en este caso la victoria del Ser real sobre el no-ser egótico. La punta demuestra la perfecta concentración, la parte cortante la pura discriminación entre los pares de opuestos. La mente permanece como el receptáculo de bodaï (el alma), y su intuición es tal que puede penetrar el corazón más íntimo de la doctrina del despertar. La espada o ken se convierte en Eken, la espada de la sabiduría o vacuidad. Esta espada está en ocasiones rodeada por un Dragón en posición vertical, representando la espina dorsal (el sendero o Dô) por la cual se eleva esta misteriosa fuerza (el Dragón) llamada por los yoguis hindúes: “Serpiente Kundalini”. Cuando este poder es despertado y elevado hasta el cerebro, el hombre se convierte en un maestro, alcanzando su objetivo. La consecuencia de esta fusión del fuego del Dragón con el fuego del Espíritu, es la disolución del ego y la percepción de la realidad como vacuidad, teniendo como consecuencia esa comprensión abstracta de la naturaleza de lo real. Es el SATORI, durante el cual la conciencia realiza la unidad y la armonía con el universo (WA) Para una persona así, la vida y la muerte tienen el mismo significado (Seishi-ichinyô) La espada es fundamentalmente el emblema de la victoria del conocimiento sobre la ignorancia, ya que corta el nudo de los problemas más complejos.

La Cuerda (Kensaku)

En su mano izquierda, Fudô Myô-ô lleva la cuerda. Es la trampa utilizada por Fudô para atrapar a la mente que está siempre en perpetuo movimiento e inmovilizarla. Y es también gracias a esta cuerda que los hombres llenos de compasión (Bosatsu), atrapan a los hombres ignorantes o malos y los conducen por la doctrina del Bendecido.

En el budismo tántrico japonés, se dice que el ladrón (ego) es abatido con la cuerda Kai (los preceptos), seguidamente es atado con la cuerda Jô (la concentración), y finalmente es muerto por la cuerda E (sabiduría)

Si la cuerda está en la mano izquierda, representa la parte objetiva de un estado subjetivo. La izquierda representa el mundo de los efectos, mientras que la derecha representa las causas. La cuerda está colocada en círculo para sugerir el vacío del espacio, es la imagen del cero absoluto en el cual la conciencia iluminada ya no diferencia entre el yo de Dios y el yo del mundo.

Con este artículo hemos visto sólo un poco de la simbología de esta divinidad, la cual tiene numerosos atributos que pueden también encontrarse entre los otros cuatro Fudô Myô-ô. Dado que el Budô es una expresión de la cultura nipona, me ha parecido interesante desvelar algunos de sus elementos.