Iaido, el Arte de Cortar el Ego

IAIDO

…. Y ahora, amigo lector, creo prudente y oportuno hablarle del autor de este libro, “Iaido, el Arte de Cortar el Ego“del maestro Michel Coquet, aun a sabiendas de su rechazo a toda notoriedad, a toda exaltación del yo mismo; su necesidad vehemente de no ser nada, de caminar por este mundo sin dejar huella, como un anciano taoísta. Ser como una vara de incienso que se va consumiendo lentamente, agotándose mientras perfuma el mundo que la rodea, hasta quedar simplemente un aroma santo de generosidad, idealismoe incitación a la búsqueda.

Si tuviera que definir con pocas palabras a este personaje de leyenda, diría simplemente que es la encarnación del don de sí mismo, de la entrega sin reservas, del olvido total del yo, en aras a una búsqueda de trascendencia yde iluminación, que caracteriza a un tatsujin, a un hombre de sable.

Michel Coquet y Otake sensei

Michel Coquet y Otake sensei

He tenido el privilegio de vivir en la cercanía de este verdadero maestro del arte de vivir, un hombre de vida simple y de grandeza interior. Durante mas de treinta años, Michel Coquet ha iluminado mi vida y despejado el camino de mi despertar. Cuantas veces, en el escenario del dojo, entregado hasta el agotamiento a la lenta ritualía, a la dulce tiranía gestual del kata de sable, bajo su atenta y paternal mirada, he sentido que mi alma entraba en sutil comunicación con el espíritu la de los grandes guerreros del pasado.

Creí escuchar el cabalgar de los héroes de las epopeyas épicas de la India, del Mahabaratha o del Baghabad-Guita; rememoré y reviví en mi dolorido cuerpo, los hechos de armas de los clásicos griegos, las gestas de los caballeros del Rey Arturo o de los idealizados samuráis.

Para Coquet sensei, los cerezos y el sable, la compasión y la práctica marcial, la meditación y el arte de la espada, han de caminar imperativamente juntos, convivir intrínsecamente unidos, coexistir en la inmediatez del eterno presente. El sable debe esgrimirse desde el corazón.

De otro modo, la práctica marcial se convierte en un veneno que amarga el corazón y enturbia la mente, con todos sus desastrosos y fatídicos resultados, con todas las lamentables, negativas y con frecuencia mórbidas consecuencias físicas y psíquicas, a corto o largo plazo, para el practicante inexperto o prisionero de su propio ego. El ardiente filo de la espada ha de descender, poderosamente vertical primeramente sobre el propio yo-mismo —el gran usurpador— nuestro único y real adversario, del cual los enemigos externos no son sino símbolos, espejismos, proyecciones y reflejos. La práctica marcial se alía así a los más nobles sentimientos. El corazón se une a la mente. El desequilibrio entre estas dos grandes energías,estas titánicas fuerzas, destruye el Universo. Así, el ken, la espada, se convierte en un instrumento privilegiado en la lucha por el avance del alma y la transformación de la conciencia.