RECUPERAR LO NATURAL

“Cuando el Tao se pierde, aparece la bondad,
cuando se pierde la bondad, aparece la justicia,
cuando se pierde la justicia, aparece la moral,
cuando se pierde la moral, aparece el ritual.
El ritual es la apariencia de fe y de lealtad
y es el comienzo de la confusión”

LAO TSE. TAO TE KINGLas Artes Marciales en su mas alta acepción, no son disciplinas regidas por normas cerradas; son un camino de conocimiento de Uno mismo y del Todo. Los propósitos específicos, las utilidades y especializaciones múltiples que podréis encontrar en ellas son, a la vista de lo anteriormente dicho, algo espurio y prescindible. Sin embargo, con el devenir de los tiempos y la pérdida del sentido originario, se han multiplicado en sus formas, modos y contenidos. Esto ha producido una magnífica proliferación de disciplinas, que ha permitido la aparición de expertos, estilos y formulaciones que sin duda, son un magnífico abanico de riqueza cultural. Sin embargo, la mayor de las riquezas no es nada comparada con el Tao. De ahí que cíclicamente nos toque reconsiderar el conjunto y revisar nuestras intenciones al penetrar este camino Marcial; nadie mejor que Lao Tse como compañero para este viaje:

“Cuando el Tao se pierde, aparece la bondad, cuando se pierde la bondad, aparece la justicia, cuando se pierde la justicia, aparece la moral, cuando se pierde la moral, aparece el ritual. El ritual es la apariencia de fe y de lealtad y es el comienzo de la confusión”

Las Artes Marciales en su mas modesta pero máxima exposición, podrían ser un sendero hacia el reencuentro con lo esencial en nosotros mismos. Lo esencial es la relación directa con nuestro Ser y con el Mundo mas allá de lo dual. Es el sendero del eterno retorno a nuestros orígenes, la habilidad para realizar la unidad de todas las cosas, sin perder la consciencia de nuestro Ser.

No. No es fácil aproximarse a esta materia. Siempre que lo intentamos rozamos lo inaccesible, lo intocable e indefinible, pero a la vez debería ser muy simple. Tomemos el ejemplo de una piedra golpeando otra piedra. La chispa no es un acto posterior al golpe, sino algo sincrónico. Sin embargo, en nuestra mente podemos dibujar el uno como un paso hacia el otro, como una causa que conduce a un efecto. Así, ordenando el mundo, empezamos a distorsionarlo, a traicionar su verdad simple y sencilla y ésta no es otra que la chispa surge a la vez que las piedras se golpean, no después. Si nuestra mente se detiene a considerar el asunto, tiene que pasar primero por un sitio para llegar al otro y así siempre llegaremos tarde. Del mismo modo, buscar en los resultados las bondades inherentes a la vía Marcial, es por si mismo una predisposición a restringir nuestro camino hacia el verdadero y completo éxito en las mismas.

“Todos los caminos conducen a Roma” rezaba el viejo adagio, así podemos decir también de las Artes Marciales. Acercarse a cualquiera de ellas es dar un paso en esa dirección. Lo verdaderamente diferenciador es la actitud del neófito. Todos, de una u otra forma nos vemos al principio deslumbrados por la técnica y sus resultados. Seria como cuenta Bruce Lee, emulando la tradición taoista, quedarse en el dedo que apunta a la Luna, de tal forma que uno lo confunde con la Luna misma.

El objetivo supremo del Arte Marcial, no es frecuentemente visible a los ojos del que no ha profundizado verdaderamente en este camino. Sin embargo, el impulso de su búsqueda es común a todos los seres. Por ello, los verdaderos Maestros lo detectan indefectiblemente detrás de la mirada ansiosa y hambrienta de conocimiento de sus nuevos alumnos. Su verdadera labor, mas que la de enseñar una técnica, es la de no dejar que se tuerzan, perdiéndose en los mil y un vericuetos que este camino ofrece.

No hay ni que decir que Maestros como estos hay bien pocos. La mayoría, simplemente trata de dejar su impronta, de transmitir su versión, de elevar su ego y su “modo” hasta la cumbre de lo Universal, perpetuando sus errores y aciertos, para así satisfacer sus defectos y vacíos, que serán muchos, pues solo el Tao mismo, (nuestro sentido de Unidad con Todo, consciente, fluida, natural), puede llenar infinitamente todo y a todos.

Cuando el Arte marcial se toma como vía de conocimiento, es un camino de desprendimiento mas que un camino de acumulación. Lo primero que uno debe dejar de lado es la arrogancia. Esto ocurre al comprender la torpeza propia. Sin embargo, cuando ésta se subsana y el Cinturón Negro rodea nuestra cintura, hay que volver a reiniciar el proceso desaprendiendo la técnica para encontrar la naturalidad. Ya todos sabemos como actúa la pirámide selectiva en un Dojo. De mil cinturones “blancos” que empiezan, uno llega a “negro”. Otra selección mucho menos visible acontece de ahí en adelante. En esta otra sangría aún mayor, de un millón de cinturones “negros” solo uno consigue pasar a la siguiente etapa y encontrar su movimiento natural olvidando, desprendiéndose de lo tan difícilmente atesorado en su iniciación. En el proceso, el cinturón “negro” desgastado vuelve ser simbólicamente “blanco” de nuevo.

¿Es este un camino para todo el mundo? Las cifras dicen que no, pero el Tao dice que si. En el fondo, todos los seres intentamos esa Unión que proviene de la perfecta acción impecable, natural, fluida, sencilla; económica, pero eficaz; poderosa pero gentil. El Orden nos dice que nada es mejor ni peor. Lo superior no es mejor ni peor que lo inferior, pero sin duda, es distinto.

Las Artes Marciales como vía, responden a un anhelo Universal, a una llamada silenciosa e ineludible; a un ansia de volver a lo primigenio, de retornar al hogar del que nunca nos hemos ido. Es nuestra consciencia de Ser lo que nos enjaula, nuestra mente enfocada en los detalles, nuestra arrogancia y la pretensión al ponernos las “gafas” para leer el mundo e interactuar con él. Cuando uno sigue el camino Marcial sin desvíos, termina por quitárselas y descubrir que no son necesarias; pero esto, si llega, se toma su tiempo, pues la sabiduría total es y será siempre privilegio de los ancianos.

Alfredo Tucci.
Director Gerente
BUDO INTERNATIONAL PUBLISHING CO.
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