El Sensei

La relación de alumno con sensei es difícil de definir, es extraña.
Bien es sabido que el dojo, su jerarquía se parece mucho a un patriarcado, pero Sensei (al menos en la experiencia occidental) no se parece mucho a un padre.

Al principio, cuando uno recién comienza, Sensei obtiene una figura más de “Anfitrión” o dueño de casa y tú eres más como un invitado, como un viajero que está de paso. Como dueño de casa, te muestra el lugar, te enseña como comportarte dentro del espacio (obviamente, este paso, un sensei no debe enseñárselo a un alumno oriental), de cómo saludar, de cómo transitar…

En este periodo, uno está como desconfiado. Lo nuevo siempre asusta, más parte de nuestro aprendizaje que debemos desprender. En esta etapa uno hace, pero aún no cree…
Luego, cuando uno ve que su cuerpo puede hacer lo que no creíamos que sería capaz, cuando uno ya ha conocido el dolor y entender que es sólo nuestra técnica floreciendo en nosotros.

En ese momento Sensei, que sigue siendo el mismo, cambia para nosotros. Sus palabras dirigidas a uno, por más sencillas que sean estas, se graban en fuego en nuestras mentes. Y si alguien te dijera lo mismo… sólo serían palabras… palabras que no pesan ni cargan con sabiduría… no serían palabras de sensei.

El verdadero maestro es aquél que te permite descubrir el maestro que lleva dentro.