Conversaciones con un Samurái -1ª Parte

Extraido de la web http://www.zanshin-madrid.com
Fragmentos del libro The Heart of Kendo, ed. Shambala, de Darrel Max Craig http://www.ymaapub.com/authors/authordetail/author04.php

A finales de 1970 mis alumnos y yo nos estábamos preparando para un campeonato de kendo en Dallas cuando sonó el teléfono. Era Umemoto Sensei: iba a ir a Dallas como juez del campeonato y me pedía permiso para traer con él un maestro que venía de Japón y le hacía mucha ilusión venir a Texas y ver a los cowboys.

Así fue cómo conocí al hombre que iba a ser de tan profunda inspiración en el resto de mi vida. Umemoto Sensei me presentó al maestro visitante, Harutane Chiba Sensei, representante de la 37ª generación de la escuela Hokushin Ryu. 750 años de Historia delante de mí. En los pocos días que sucedieron, Chiba Sensei y yo charlamos y reímos juntos a costa de más cosas de las que puedo recordar. […] Desde ese momento hasta su muerte, en 1992, Chiba Sensei me mostró más de la Historia del Japón de lo que nunca podría encontrar en libro alguno, y más técnicas de las que yo era capaz de aprender.…].
Unos seis meses después de que Chiba Sensei regresara a Houston, mientras estábamos rellenando nuestros papeles para la Federación de Kendo. Había una pregunta sobre quién era mi instructor principal y su grado. Yo puse el nombre de Chiba Sensei, y al preguntarle por su rango, me devolvió una mirada perpleja, cruzó piernas y brazos y me contestó: “¿Y qué grado crees tú que tengo?”. Yo, que no sabía muy bien qué responderle, le expliqué que nadie estaba poniendo en duda su rango, pero que necesitaba saberlo para rellenar el formulario. Mirándolo como si lo viera por primera vez en la vida, me contestó: – Un samurai no tiene rango. Sólo los campesinos lo tienen. – Y yo traté de rellenar aquello con algo que sonara respetable, firmé el formulario y lo envié por correo. Mi maestro siempre me enseñaba con mano firme, pero con corazón comprensivo. Nunca me dejó con una pregunta sin respuesta, o una técnica a medio explicar. Yo me sentía como la arcilla que el maestro moldeaba a su antojo. […].
Lo que sigue a continuación son extractos de conversaciones que Chiba Sensei y yohemos tenido a lo largo de los años. Las he reconstruido, a partir de apuntes y mis propios recuerdos, lo mejor que he podido, tratando de limpiar los trucos mentales que inevitablemente surgen entre lo que creímos oír y lo que realmente escuchamos.