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Reflexiones personales sobre el camino del Budo

El Orgullo y La Humildad en El Camino Del Guerrero

Kendo Valladolid

El orgullo es un concepto que aparece en todas las tradiciones de enseñanzas marciales, por tanto debemos entender que un concepto importante.
Es evidente que a veces las palabras encierran conceptos que no siempre se corresponden con la idea original. Tal es el caso del orgullo.

Para poder entender cual es su importancia en el camino del guerrero vamos a intentar profundizar un poco en este concepto para poder extraer el conocimiento que encierra.

Para poder definir el orgullo y su papel en la formación del carácter del guerrero tenemos que entender, en términos pedagógicos que existen dos orgullos.

Del mismo modo nos dice la tradición que en la personalidad del ser humano existen dos partes claramente diferenciadas:

Una parte más superficial, que tan sólo busca el placer y “la paz”, (nos referimos a una paz a cualquier precio por miedo a entrar en conflicto, no nos referimos a una paz profunda, producto de la tendencia natural del alma humana a buscar la belleza, el bien, etc). y que según la tradición tiene relación con nuestra parte más animal, más instintiva y que , según la tradición marcial y filosófica, cuando estamos demasiado apegados a ella, muestra la ignorancia del ser humano.

Una parte más profunda, donde se encuentran virtudes guerreras como el honor, o sea, la capacidad de ser fieles a nosotros mismos a pesar de las circunstancias, el valor, la justicia, la conciencia profunda capaz de captar verdades ocultar a veces a los sentidos y a nuestro quehacer cotidiano..

Del mismo modo que existen estas dos partes, existirían dos orgullos, como antes mencionamos.

La palabra orgullo, parece estar relacionada inexorablemente con su opuesto: la humildad.
Es cierto que la palabra humildad ha sido usada muchas veces por los maestros de artes marciales como condición indispensable para poder aprender y poder aspirar a cierta sabiduría. Pero también esta palabra nos lleva a veces a confusión.
A veces se dice: “fulano ha nacido de familia humilde”, cuando lo que en realidad tendrían que decir es que ha nacido de familia pobre económicamente. O a veces se dice que una persona es humilde porque se sienta el último en una clase, por poner un ejemplo. Normalmente esa persona no es humilde, sino tímida.

La verdad es que la humildad, según los más grandes sabios, es una de las virtudes más difíciles que conquistar, pues consiste en saber lo que realmente sabemos y lo que realmente ignoramos, lo cual es muy difícil, pues para ello tenemos que conocernos a nosotros mismos en profundidad.

El mal orgullo, para el guerrero es el orgullo de esta parte más animal de la que hablábamos antes y que precisamente es enemiga de la verdadera humildad. Es ese orgullo que nos impide aprender, que nos impide corregir, porque nos hace estar demasiado enamorados de nosotros mismos. Nos hace justificar nuestros defectos y carencias. Hace que echemos la culpa de todo lo que nos pasa y de nuestras impotencias a otras personas, a la vida, el mundo, la sociedad, etc.

Entre la parte más cotidiana de nosotros mismos y aquella parte más profunda que nos puede hacer vislumbrar cierta sabiduría. Justo en medio de estas dos partes se encuentra “el corazón del guerrero”.
Este corazón se compone de elementos como el orgullo.
Cuando este orgullo se alía con nuestra parte más baja y superficial se convierte en un enemigo de nuestro propio auto-conocimiento y perfeccionamiento.
Cuando este orgullo se alía con nuestra parte más profunda se convierte en una fuente impresionante de energía que nos hace entrar en una “guerra interior” que nos permite la superación de nuestros límites para poder llegar más allá de nuestras pequeñeces.

Esto es lo que en la tradición marcial se conoce como “coraje”, o sea, actuar con el corazón.

El buen orgullo es aquel que nos impide no rendirnos ante las circunstancias difíciles, que nos hace levantarnos cada vez que nos caemos, es el “nobleza obliga”, es el que nos conecta con nuestro corazón guerrero. Es una fuerza del corazón que genera la suficiente energía para que queramos estar en la mejor versión de nosotros mismos, es el que nos acerca a nuestros sueños. Es el que nos impide ser mediocres.

Para poder desarrollar este “buen orgullo” tenemos que tener una visión clara de nuestro ideal como artistas marciales y poder establecer una conexión diaria con este ideal. Este ideal, en parte se compone de aquello que nosotros soñamos ser, aquello que nosotros concebimos como lo que debe ser un guerrero. Comprender a través de la humildad que todavía nos falta camino para llegar allí, y al mismo tiempo tener el orgullo natural de intentar todos los día con honestidad en el corazón acercarse cada día más a ese ideal guerrero.

Como vemos, la reflexión sobre las virtudes guerreras se torna imprescindible para aquel que quiera recorrer el Do, el Camino del Guerrero. Pues estas virtudes no están puestas en los códigos como un “adorno” sino que encierran en sí mismas la Sabiduría marcial.
El desentrañar sus claves a través de la reflexión y de la acción, o sea de la vivencia, es tarea obligada para todos aquellos que soñamos llegar al misterio del Corazón del Guerrero.

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